Publicado: 13 de Mayo de 2016

Entrenando bajo el agua no tenemos que cargar con nuestro propio peso y podemos trabajar la coordinación

Los ejercicios realizados en tierra firme juegan con la resistencia que ofrece la gravedad, con dos fines: incrementar el esfuerzo del movimiento principal (el que busca el trabajo muscular) y facilitar el movimiento secundario (volver a la posición inicial). Los ejercicios en la piscina o dentro del mar añaden otros factores que nos benefician. De entrada, cuanto más nos sumergimos menos pesa nuestro cuerpo por lo que tenemos que esforzarnos para mantener la estabilidad, algo que no ocurre en tierra firme (a no ser que utilicemos accesorios para provocarlo). Pero, también contamos con resistencias laterales que obligan a un esfuerzo muscular añadido al volver a la postura de origen. “Esto supone que todos los ejercicios trabajan los grupos musculares protagonistas del gesto, pero también los contrarios gracias a que el movimiento de vuelta es asimismo protagonista. Por eso, entrenar en el agua es parte del trabajo de deportistas que quieren aliviar la carga de su peso, además de entrenar la coordinación. Imagine hacer gestos deportivos rápidos dentro del agua”, explica Marcos Flórez, director de la agencia de entrenadores Estarenforma.com.

El entrenamiento en el agua es parte de la preparación física de la gran mayoría de equipos de baloncesto de la NBA, y se considera una opción óptima para mujeres embarazas y personas con mucho peso corporal.